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errores a evitar al contratar un crédito

Pedir un crédito va mucho más allá que pedir dinero. En nuestra mente ese dinero tiene el súper poder de darnos un techo donde vivir (hipoteca), declarar nuestra posición social (crédito automotriz), darnos tranquilidad para llegar a fin de mes (préstamo express) o un apapacho por algo que nos merecemos (meses sin intereses).

 

Pero ese estado mental donde el dinero provoca placer, pronto se convertirá en desilusión, sorpresa o angustia si nos permitimos olvidar que desafortunada o afortunadamente, al final del día, ese dinero es sólo dinero que tendremos que pagar con un cierto precio denominado intereses, comisiones y costos de apertura.

He aquí algunos errores que debemos evitar para no dejarnos dominar por la emoción de conseguir dinero prestado:

1. Confundir “pagos chiquitos” con crédito barato: la frase “tan sólo por pesos semanales o mensuales” apela a nuestro rupestre sentido de cazadores de ofertas bajo el cual olvidamos que pagar muchos poquitos seguramente significará terminar pagando demasiado. Un crédito barato es aquel que, sumando el total de pagos, no representa mucho más de la cantidad de dinero que obtuvimos en un principio.

 

2. Olvidar que existe un mañana: una orgía de compras a meses sin intereses puede representar hoy el salir del centro comercial cargados de todo lo que ¿necesitamos? o, más bien, deseamos y claramente calculamos que podremos cumplir con la primera mensualidad, pero olvidamos que en la economía familiar se presentan picos que nos obligan a gastar más, o baches en donde percibiremos menos ingresos. Comprar en cuotas requiere planear hacia el futuro y hacer cuentas sensatas para estimar nuestra capacidad de cumplir con esos pagos.

 

3. Centrarnos sólo en una opción: obtener dinero ajeno -está demostrado- es un apapacho a nuestro ego. Si tal banco o almacén nos presta, podemos confundirlo con un indicador de nuestra valía y, bajo esos términos, ¿quién se atreve a cuestionar el préstamo? Impresiona el número de personas que aceptan préstamos de “su” banco sin comparar otros productos porque, muy en el fondo, temen que en otro lugar nos les presten o, al menos, no los reconozcan como clientes. Mandar de recreo a nuestro ego y comparar créditos en función de su costo y beneficios, es la forma correcta de contratar un crédito.

 

4. Intentar tapar el sol con un dedo: “El paciente siempre miente” nos enseñó el Dr. House y no está muy alejado de la realidad añadir que “el acreedor también miente”. Lo curioso es que el engaño muchas veces es en primera persona. Veámoslo así, si se sufre para acreditar ingresos para el pago de una hipoteca tal vez valga la pena detenerse y preguntarse ¿realmente puedo pagar esta mensualidad?.

Quien intenta hacer mil triquiñuelas para no pagar el seguro de su auto porque es carísimo, quizá no está mirando lo obvio que es aceptar que se está comprando un auto por encima de toda posibilidad.

Los procesos para otorgar un crédito hablan más del cliente que de la institución. Si es necesario mentir o forzar alguna situación para obtener el crédito (no iré de vacaciones, voy a pedirle a un desconocido que sea mi aval porque nadie más quiere, voy a sacarlo a nombre de mi pareja o de mis hijos) haz un alto y cuestiónate SERIAMENTE si estarás en capacidad de cumplir con ese crédito.

Aprender a distanciar la emoción que nos domina al pedir dinero prestado, es un camino que vale la pena recorrer. Recuerda, toma el control de tu dinero antes de que alguien más lo haga por ti.

 

 

Fuente: Metros Cúbicos



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